Aprendiendo a poner límites

Actualizado: 1 de nov de 2019


Límites Sanos

Cuando era adolescente la idea de los límites, autoridad y reglas chocaba con mi espíritu libre, revolucionario y atrevido, típico de un adolescente cuya necesidad de ser escuchada y definir su identidad la lleva a un comportamiento irreverente e inmaduro.


Afortunadamente la vida se va encargando de moldear nuestra personalidad y temperamento, y aunque en ocasiones extraño esa impulsividad, la mayor parte del tiempo agradezco ser más consciente de mis actos y decisiones.


Parte de esa madurez que trae el tiempo es reconciliarse con conceptos o acciones como aprender a poner límites. ¡Nooo! para nada tiene que ver con creer que no somos capaces de realizar cualquier cosa que nos propongamos; me refiero a esas líneas que mantienen la interacción con nuestro entorno de forma sana y armónica.


Últimamente las historias con las que me he topado me remiten a la importancia de poner altos sanos. En ocasiones pareciera que por ser cordiales o mantener la imagen que los otros crearon de uno, pasamos sobre nuestros gustos, acuerdos, autoestima y valor propio.


Los límites van desde aprender a decir no, comer o beber sólo aquello que nuestro cuerpo requiere, respetar tus tiempos, desde salir a tiempo de tu trabajo considerando que fuiste lo suficientemente productivo, hasta hacer lo posible de llegar a la hora acordada, pararle a los pensamientos que bajan nuestro nivel de vibración o nos mantienen en un patrón destructivo, no dejar que los demás hagan comentarios que te lastimen o que te traten peor de lo que tú puedes llegar a tratarte.


Dicen que poner límites con familiares o personas que amamos resulta ser más difícil que con otras personas, la familiaridad pareciera darnos permiso para exigir o demandar más. Pero también esa cercanía podría jugar a nuestro favor, entendiendo que al relacionarnos sanamente, cada quien respetará amorosamente los límites del otro.


También es necesario conocer nuestros propios límites, para una persona que le hablen golpeado con groserías y desvalorizando su persona puede ser normal, pero otras te harán saber claramente que con ellas tendrás que comunicarte asertivamente y de manera respetuosa.


Todo se resume a cuánto respetas y valoras tu persona no desde el ego, es entendiendo que tratarás a los demás de la forma en la que te gusta ser tratado y no permitirás que las personas pasen tus limites porque los respetas y lo más importante te respetas a ti mismo.


Hay una frase de Elizabeth Gilbert escritora del libro Comer, Rezar y Amar que disfruto ampliamente y que viene perfecto en este momento “El equilibrio es no dejar que nadie te quiera menos de lo que te quieres tú” Así que quizá uno de los aprendizajes más importantes que me nos brinda el tiempo es integrar límites sanos en todas las relaciones siempre desde el amor y respeto por uno mismo.


Kika BE

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